Apunto entre tus ojos

¡No te muevas! No quiero errar el tiro. No tengo una segunda oportunidad, y no quiero dejarlo todo perdido...

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Al principio me pareciste alguien insignificante, prescindible, me costó prácticamente un año aprender me tu nombre.

Pero fui ciego y estúpido, y te dejé hacer a mis espaldas, crecer sin límites, influir a todo mi entorno, destruir los cimientos de lo que yo mismo creé.

Todavía no tengo claro si pretendías sustituirme o simplemente derrocarme, como soldado a las órdenes del tirano que tomará el poder pasando sobre los cadáveres putrefactos de ambos bandos.

En cualquier caso, supe detener te a tiempo. Y aquí estás, derrotado y prisionero.

Pero por haber sido un digno adversario tienes privilegios: elige tu bala.

Salí en un vídeo de Pearl Jam

Estaba convencido de que mi futuro estaba en la música. Dediqué el primer cuarto de ella a formarme, a mezclarme con los profesionales que tenía a mi alcance, a asistir a más eventos de los que mi agenda podía soportar...

Sacrifiqué amistades y romances por no estar a la altura de una conversación sobre las influencias en el rock los '70. Decoré mi casa como la de una estrella y me hice coleccionista de instrumentos y vinilos.

Llegué a ensayar con un grupo diferente cada día de la semana e incluso desarrollé una especial habilidad para colarme en las fiestas VIP de los festivales de música.

Sí, de alguna manera, hice que toda mi vida girase alrededor de la música, hasta que ella me preguntó a qué me dedicaba, en la presentación del último disco de Metallica. Fue entonces cuando me dí cuenta de que lo más meritorio que podía aportar al mundillo era: "Yo salí en un vídeo de Pearl Jam"

La desesperación

Vivo en una casa ocupada, ocupada por temores y lloros, por ruina y desesperación. Vivo en un mundo inclinado hacia abajo y con olor a humedad, sin puerta ni ventanas pero rodeado por todos lados de escaleras con peldaños inmensos.

Os que aquí estamos desconocemos el significado de la luz y el sabor dulce, ajenos a planes y utopías, nos resultan extraños los periódicos y la sociedad.

Quizás compitamos entre nosotros, quizás los peor que otros, pero el podio no es un anhelo para nadie, no hay reconfortante reconocimiento.

Así que no vengáis a hablar nos de lucha, de motivación o de dignidad. Guardaros vuestra complacencia e incapacidad si no queréis que salgamos a vuestra realidad a contagiaros y reclutaros a las filas del infierno.

Hora punta

Me maquillé una sonrisa, una vez más, y me dispuse al abordaje de una jornada más de fracaso.

Senderos de asfalto frío me indicaban por dónde bajar a los infiernos, a la espera los demonios del tedio y el despotismo autorizado. Pulmones verdes a mi alrededor se volvieron transparentes, una vez más, y los cadáveres se apiñaban enfundados en sus ataúdes alemanes mirando al rojo. Y el rojo se vuelve verde, pero no ofrece esperanza; más adelante rojo volverá a ser.

Y al final del pozo, el lodo y la miseria.

Una vez más.


No sale agua caliente

- ¡No hay agua cliente!
- ¡Se habrá terminado la bombona! ¡Ahora te la cambio!

En pleno 2012 y vivo pendiente de una bombona de butano para ducharme. Me recuerda a la moto que tenía mi padre cuando yo era pequeño: la tecnología necesaria para detectar la entrada de la reserva del depósito de gasolina no era asequible, y la máquina se paraba allá donde estuvieses sedienta de combustible,  a la espera de que girases una simple llave que abriese camino a los litros de emergencia que te permitirían llegar a la siguiente estación de servicio.

Así estoy ahora. Con bombonas de butano, televisión de tubo, cocina de gas, sin microondas ni lavavajillas (este último literalmente no cabe), sin ascensor en un cuarto piso, y aguantando olores y gritos de vecinos demasiado cercanos a la ventana de mi dormitorio.

Sí, además he tenido que volver a compartir piso. A mis 37. Al menos he tenido "la suerte" de que un amigo está en la misma lamentable situación que yo.

¿Qué me ha pasado? Pues aprovechando ese tiempo de bonanza que nos vendieron, dejé mi trabajo de toda la vida, 15 años en la empresa, por uno bastante mejor remunerado (15 años no significa progreso en una gran empresa) en una joven y pujante corporación.

Se acabó rápidamente la bonanza, y desapareció rápidamente la pujanza de los pequeños y lo nuevos. Me vi en la calle con una indemnización por un año trabajado (echad números) y cruzándome con la gente que despedían en las empresas a las que iba a pedir trabajo.

Ahora sigo mendigando cualquier cosa en cualquier empresa, cada día, y a dormir vengo aquí con mi colega, porque comer intento no hacerlo en casa: es lo que más me recuerda que no tengo trabajo, comer en casa.

"Emprende, monta tu propio negocio", te recomiendan desde las alturas. Gran idea, digo yo. No sé dónde te dan más ayudas para lograrlo, en las instituciones públicas o en los bancos.

Lo veo lógico. Ahora los que tenéis trabajo haréis lo imposible porque a quién os paga no le falte dinero para hacerlo todos los meses.

Y en esas estoy, mirando las ofertas en el supermercado, adicto a las marcas blancas y a los "sabores blancos" (neutros) en mis comidas, he aprendido a coser, a lavar, a fregar, a planchar, a arreglar tuberías, cisternas, goteras.... Lástima que por esta formación no den títulos que enseñar en las empresas.