Conocí la empresa por un compañero de trabajo. Después de una reunión en la que me mostré más airado de lo habitual, me buscó a la hora de comer y me dijo que quería hablar conmigo. En principio pensé que me iba a reprochar mi actitud o que quizás me iba a comentar lo que el resto de los asistentes habían comentado de la situación, así que me adelanté a sus palabras y empecé a excusarme diciendo que no tenía un buen día y que las cosas no me iban bien en general.
Me dejó hablar, pero cerró el tema con un "no te preocupe, todo el mundo sabe por lo que estás pasando", que me hubiese dejado bastante preocupado por intentar averiguar qué demonios sabía la gente, o creía saber de mi, de no ser por lo que me contó a continuación, la verdadera razón de esa charla.
Me explicó que conocía una empresa que podía ayudarme con esos pequeños ataques de furia o ira que me daban de vez en cuando. No pretendía decirme que yo era un tipo especialmente violento, ni mucho menos, dejó claro que me consideraba de lo más normal, pero sí que creía que podía beneficiarme de sus servicios.
Le pregunté sobre qué tipo de servicios daba esa empresa, terapias, técnicas de autocontrol, yoga... y me dijo que no era nada de eso, pero que era inútil que me lo explicase, porque nunca lo entendería. Me dio una tarjeta en la que sólo había un nombre de un doctor, un número de teléfono y una dirección.
Tardé una semana en decidirme a ir por allí. De hecho, la razón por la que decidí ir fue por un enfrentamiento que tuve ese fin de semana por un accidente leve de tráfico, en el que prácticamente saqué al otro conductor por la ventanilla de sus coche, y fueron los transeúntes los que evitaron que se llevara su merecido. Me di cuenta de que probablemente tenía un problema y no perdía nada por seguir el consejo de la única persona que había intentado ayudarme...
El lugar era un despacho en un barrio rico de la ciudad. Enfrente de la puerta, sólo vi lo mismo que en su tarjeta: el nombre del Doctor.
Llamé al timbre...





