Esa cara

Vi una cara que no existía. Imaginé una persona que nunca nació.

Creé una personalidad, una vida, una historia con su pasado. Me conmoví con sus penas y me emocioné con sus victorias.

Sé por qué vestía esas ropas, leía esos libros y disfrutaba de la música que escuchaba a todas horas.

Siempre tuve claras las razones por las que se rodeaba de esa gente y por las que apartó a aquellos otros.

Puede que su cara haya cambiado.

La que vi el primer día quizás se haya definido mejor, o quizás haya borrado y ganado rasgos en función de su personalidad.

Es lo que tiene inventarse a alguien.

Ahora sólo me queda retratarlo en un papel. Para que todos le conozcáis.

Mediocres

Vivo rodeado de mediocres.

La gente conduce despacio y mal. La mayoría opina sin saber de qué coño están hablando, y no entienden los problemas de fondo.

Están gordos, débiles, viejos. Se amontonan para realizar actividades que no tienen ningún interés, y pierden el tiempo a diario en cosas que no aportan absolutamente nada al mundo ni a la sociedad.

La mayor parte de ellos pasará inadvertida para la historia, sin ninguna contribución relevante. No habrán creado algo bello, ni útil ni trascendente. No habrán aportado creatividad ni ingenio a ningún debate.


Todos serán sustituidos por otros en cuanto no estén, o simplemente no sean capaces de seguir con la monotonía. Como ladrillos que forman una pared y que se han deteriorado con el tiempo. Uno encima de otro.

Y yo me consumo a su lado. Sufriendo su mediocridad, derrochando mi valía sin que nadie le saque provecho alguno. Mi excelencia es inalcanzable para ellos, y, por lo tanto, inservible.

Tengo vista de águila en el país de los ciegos.

Gran paradoja pues; ellos son felices en su ignorancia. Yo no.

La estatua

Lo sé. Sólo soy una estatua. No se espera que tenga juicio, y menos que mi opinión sea escuchada. Pero si lo pensáis bien, llevo aquí mucho más tiempo que todos vosotros, y os he visto hacer todo tipo de gilipolleces durante varias generaciones.

Cierto es que me cambiasteis de lugar para dejar sitio para que pasasen vuestro irrenunciables coches. Que me limpiáis de  arriba a abajo cada cuatro años, unos pocos meses antes de las elecciones. Que añadisteis un precioso jardincillo a mi alrededor que ha reducido las meadas perrunas únicamente a aquellas de canes cuyos dueños gustan de presumir de ser capaces de llevarlos sueltos con las manos en los bolsillos.

Pero yo también tengo mi opinión.

Y si os digo la verdad, cada vez me parecéis más tontos.

Hace tiempo os veía disfrutar a los unos de los otros, y, a su vez, de todo lo que os rodeaba. Os empeñasteis en meteros en  cajas de metal con cristales para veros la cara cuando os insultáis. Últimamente, los pocos que aún os movéis andando, os centráis más en los aparatitos que lleváis en la mano que en quién tenéis a vuestro lado. Estoy seguro de que los famosos están encantados de que llevéis esa mierda siempre encendida porque no sois capaces de reconocerlos por la calle.... ¡no miráis a nadie a la cara!... quizás algún culo por un momento se cuela entre vuestros ojos y la pantallita de los cojones. ¡Pero tiene que ser un buen culo!

Y yo aquí plantado, desnudo, con la misma puñetera postura de toda mi vida, deseando que descargue un nuevo autobús de japoneses para que me dedique algo de su tiempo con sus cámaras ametralladora, aún sabiendo que nadie verá esas fotos cuando lleguen a su casa.

Supongo que acabaréis creando cajas individuales para cuando sois peatones, con teléfono incorporado, que circularán por carriles pre-establecidos y evitarán cualquier interacción entre vosotros.

Incluso os he oído hablar de trabajar desde casa. Ya pedís la comida a domicilio, así que no me extrañaría que terminéis viviendo sin puertas a la calle ni ventanas, para que nadie os moleste.

Yo, no me muevo de aquí.

Arcoíris en la noche

Bella e inútil a la vez, como un arcoíris en plena noche, entró en mi vida en el peor de los momentos.

Extraje su espectro y lo desparramé por mi amargura para cubrir con sus colores mi decrépita figura. 
La mostré en mi mundo de decadencia como la bandera de lo que yo no era, y prendí la llama que acabó para siempre con su frescura .


Fue una gota de licor caída en un caldo espeso que se resistió a diluirse, pero que al final desapareció en el fondo del tazón.

La noche avanzaba y los colores permanecieron ocultos. Y, de pronto, la mañana, y el sol cegador la borró de la memoria del corazón.

Sonríe si estás de acuerdo

He pensado que llevamos unos cuantos días un poco duros, tensos, agotadores.

Se me ha ocurrido que, si todo va bien, mañana podríamos salir a tomar el aire. Buscar un sitio apartado, en el campo, solitario, y disfrutar de la ausencia de la gente y la abundancia de la naturaleza.

Tengo algunas ideas.

Creo que te vendrá bien. Y a mi también.

Aunque ahora no puedas hablar (sé interpretar tu mirada), sonríe si estás de acuerdo.