Sin levantar la vista del plato

Ambas parejas quedaban a cenar a menudo, en ocasiones incluso dos veces en el mismo mes. Más allá de los ratos típicos en los que las mujeres hablan entre ellas mientras preparan la cena, o los hombres hacen lo mismo mientras colocan la mesa o se toman una copa antes de empezar, las conversaciones realmente sustanciales tenían lugar con los cuatro comensales sentados frente a frente.

Claramente, los equipos de debate se formaban en función de la materia a tratar. Si se relataba algo sucedido durante las semanas entre cita y cita, la pareja narraba junta la historia, mientras la otra comentaba o hacía preguntas. Cuando la conversación desembocaba en un diálogo en el que las opiniones se encontraban, los hombres hacían equipo frente a las mujeres.

Esa noche, por alguna razón que se perdió al poco de superarla, la discusión estaba centrada en las infidelidades.

-"Pues yo te digo una cosa"- Marta directamente a su marido, Pedro, aunque sin levantar la vista del plato mientras cenaba - "El día que se te ocurra engañarme, no te molestes ni planteártelo. Te recomiendo que antes de nos volvamos a encontrar, recojas tus cosas de casa y te largues".

-"¡Mujer! Cuando pasan esas cosas hay que hablarlas y ver cómo superarlas" - Saltó Juan, en defensa de su amigo, que permaneció callado ante la advertencia.

-"Ya están los hombres intentando librarse incluso antes de pecar. ¡Qué coño hay que hablar! Si no sabéis mantenerla enjaulada cuando estáis fuera de casa mejor que os vayáis a vivir libremente, si tanta falta os hace" - replicó su mujer, Paqui.

-"Además" - volvió Juan al ataque, ante la pasividad de Pedro - "¿Cómo te ibas a enterar tú? La mayoría de las veces la pareja no se entera de las aventuras secretas de su cónyuge".

-"Pues mira, Pedro, no sé como será en tu caso (perdóname Paqui)"- se disculpó Marta, sin levantar la vista del plato- "pero en el mío es bien sencillo. Como sabes soy informática. Soy más que capaz de revisar sus cuentas de correo electrónico y de redes sociales sin que lo sepa. Puedo recuperar archivos del disco duro que hayan sido borrados y páginas web visitadas. Y lo mismo te puedo decir del teléfono móvil o de cualquier otro aparato electrónico. ¿De verdad crees que no me enteraría?"

En ese momento, Pedro, que había permanecido callado durante la conversación, cogió su servilleta, se limpió los labios por última vez, y disculpándose tímidamente, dijo que debía volver a casa con urgencia para salir de viaje.

-"Yo os llamo dentro de unos días" - se despidió de la pareja de amigos.

A su mujer nunca más volvió a mirarle a la cara. Ella, continuó cenando sin levantar la vista del plato.






Final alternativo


-"...o de cualquier otro aparato electrónico. ¿De verdad crees que no me enteraría?"

Fue entonces cuando Pedro intervino. -" El ladrón perfecto es aquél que es experto en seguridad"

- "¿Cómo dices?" - saltó Marta, esta vez volviéndose hacia él  con los ojos bien abiertos, y dejando la cuchara quieta.

-"Que alguien que tiene esa facilidad para buscar la trampa de otro y que lo ha trabajado tan concienzudamente, es plenamente capaz de ocultar su propio rastro en la situación inversa. Por tu explicación, has dejado entender a todos los presentes y a mi mismo que si un día tú decidieses, si no lo has hecho ya, tener una aventura con alguien a mis espaldas, no se te escaparía ni un sólo detalle de lo que deberías hacer para eliminar cualquier prueba electrónica de tu traición. Pero claro está, si tenemos en cuenta que estás convencida de que alguien como yo desconoce todos esos asuntos informáticos que presumes dominar tan bien, quizás no te molestarías si quiera en cubrirte las espaldas. ¿O si?"

La cara de Marta cambió completamente. Ahora era Pedro el que no levantaba la vista del plato mientras comía, a la vez que ella manifestaba un nerviosismo inusual con la mirada perdida en un punto del mantel indefinido.

Pasaron varios segundos de incómodo silencio para la pareja anfitriona.

Al final, Pedro concluyó: "Pero no te preocupes, cariño. Si yo lograse descubrir algo así, no te pediría que te fueses, ni siquiera te amenazaré en el caso de que se te ocurra hacerlo. Una victoria como esa, un logro de superar en su terreno al mejor entre los mejores debe tener una recompensa que permita su disfrute justamente. Si yo descubriese algo como eso, ni siquiera te lo diría, pero me preocuparía de pasármelo bien a tu costa."


Y continuó cenando.