Caí estrepitosamente y no te vi.
Me humillé sin remedio y tú no estabas.
Luche hasta derramar mi última gota de sangre y no me apoyaste.
Grité tu nombre en la noche al despertar empapado en sudor y no respondiste.
Hoy apareces en mi vida y te interesas por mi.
Entras en mi casa y pides compartir.
Saltas en mi cama y me ofreces tus brazos.
Susurras mi nombre y me pides que me acerque.
Te odio más que nunca, pero te necesito como siempre.

0 impresiones:
Publicar un comentario en la entrada