Fin del mundo

Ayer me dijeron que el mundo se acaba el domingo, el próximo domingo.

No he dudado de la información en ningún momento, viniendo de quien viene, pero al principio me quedé un poco parado. Es una noticia muy importante, que afecta a mucha (toda) gente.

Lo primero que pensé es a quién debía decírselo. El impulso inicial es a tus seres queridos. Pero después te planteas que si de verdad crees que es bueno que lo sepan. Puede que alguno quiera tener la oportunidad de despedirse de los suyos, otros querrán hacer cosas que tenían pospuestas para "más adelante"...

Pero también pensé que muchos sufrirían pensando en ese día, que sus mentes podrían bloquearse, y con mi comunicado convertiría sus últimos instantes en un infierno.

Después pensé en los desconocidos. Me servía el mismo razonamiento que para los cercanos, pero había más posibilidades. Seguramente alguien aprovecharía el momento para cometer delitos sin miedo a represalias, se ajustarían cuentas y seguramente unos cuantos convertirían el mundo en un caos para el resto.

Hoy sigo igual. Parado. Pensando en ello. Pero, al menos hoy, me he propuesto pensar en qué quiero hacer yo de aquí al domingo, a qué dedicaré mis últimos días, independientemente de que el resto lo sepa o no. ¿Iré mañana a trabajar? No tendría mucho sentido. Tampoco lavaré los platos ni llevaré el coche a la ITV como tenía pensado. Vale. Eso es lo que voy a dejar de hacer.

Pero ¿qué hago que no tenía pensado para esta semana?

Locura, venganza, aventura, riesgo, .... ahora todo parece tan sencillo. Y yo, tan poderoso.