A través de mi ventana

Pasan muchas cosas a diario, más allá del cristal de mi ventana.

Siempre me gustó leer, el cine, el teatro... me gustan las historias, las reflexiones ajenas y las luchas entre terceros. Durante años me he empapado de la creatividad de multitud de autores y de los frutos de su imaginación.

Pero ya hace algún tiempo que descubrí algo mejor. Quizás fomentado por toda esa ficción que fui introduciendo en mi interior desde tantos años.

Mi ventana me presenta cantidad de historias cada día. Algunas se ofrecen por capítulos, con personajes más o menos fijos, que van evolucionando en su novela particular y compartida. Otras duran simplemente unas horas, minutos... y los participantes son tan fugaces que se mezclan con los día siguiente en mi memoria.

Tengo la suerte de que mi vivienda hace de cierre de la calle en la que vivo, por lo que la ventana de comedor me ofrece una perspectiva de varias docenas de metros del ajetreo del centro de la ciudad.

No les escucho. Bueno a alguno que se empeña sí. Pero el guión lo pongo yo. Su expresividad es la más natural posible, por lo que debo ser capaz de adaptarme rápidamente. A veces sales obras maestras, mezclando su pasión y sentimiento con mi inspiración.

Es una pena que estas obras no perduren, que tanto sus vidas como mis diálogos no acaben formando un best-seller o una película taquillazo.

He pensado invitar alguna vez a alguien a compartir la visualización exclusiva del pase único, pero si normalmente debes dedicar mucho tiempo a seleccionar la película que quieres ver, en este caso es el espectador el que debe ser apropiado.