La primera fue "Hola". Días después "Escucha". Luego "Mírame". Le siguió "Detrás"... y así durante muchos días, una palabra cada día.
Me las dejaban en el parabrisas del coche, y las veía cada mañana cuando bajaba al garaje para ir a trabajar. El primer fin de semana, bajé a la misma hora que un día de diario, sólo para ver si el sábado tendría mi palabra, pero no, era una costumbre asociada a los días laborables. Tampoco los festivos aportaban palabras nuevas.
No formaban un mensaje colocándolas todas seguidas, tampoco cambiándolas de orden. Deduje que cada una era un mensaje en sí mismo, seguramente aplicable para la jornada que en ese momento comenzaba.
Empecé a buscar significado. Me costó, pero al final salía conduciendo obsesionado con un par de ideas que necesitaban mi total observación para confirmarlas.
Un día me encontré la palabra "Cinco". Empecé a contar cruces, semáforos, pasos de cebra... y fijarme en las personas que allí estaban, al lado del objeto "número 5". Después en la parada del metro 5, en quién estaba cerca de mi a las 5 en punto, en los portales con el 5...
Al día siguiente fue "Perro". De nuevo, a punto de sufrir un accidente por ir buscando perros en lugar de mirar la carretera.
Hasta que un día la palabra fue "Espera". Lo vi claro. Lo que fuese a pasar pasaría allí, en el garaje. Debía permanecer al lado de mi coche. Lo hice durante horas. Los vecinos me saludaban, y se alejaban observándome, extrañados.
Al final apareció ella. Me explicó que quería que me llevase un recuerdo suyo cada día que me hiciese recordarla, y la mejor manera que encontró fue hacer que yo la buscase durante toda la jornada, aunque no supiese que la buscaba a ella.
Cuando le conté que había estado a punto de tener un accidente, la noche antes, decidió parar el juego.
Sí, ella era mi mujer.
Me las dejaban en el parabrisas del coche, y las veía cada mañana cuando bajaba al garaje para ir a trabajar. El primer fin de semana, bajé a la misma hora que un día de diario, sólo para ver si el sábado tendría mi palabra, pero no, era una costumbre asociada a los días laborables. Tampoco los festivos aportaban palabras nuevas.
No formaban un mensaje colocándolas todas seguidas, tampoco cambiándolas de orden. Deduje que cada una era un mensaje en sí mismo, seguramente aplicable para la jornada que en ese momento comenzaba.
Empecé a buscar significado. Me costó, pero al final salía conduciendo obsesionado con un par de ideas que necesitaban mi total observación para confirmarlas.
Un día me encontré la palabra "Cinco". Empecé a contar cruces, semáforos, pasos de cebra... y fijarme en las personas que allí estaban, al lado del objeto "número 5". Después en la parada del metro 5, en quién estaba cerca de mi a las 5 en punto, en los portales con el 5...
Al día siguiente fue "Perro". De nuevo, a punto de sufrir un accidente por ir buscando perros en lugar de mirar la carretera.
Hasta que un día la palabra fue "Espera". Lo vi claro. Lo que fuese a pasar pasaría allí, en el garaje. Debía permanecer al lado de mi coche. Lo hice durante horas. Los vecinos me saludaban, y se alejaban observándome, extrañados.
Al final apareció ella. Me explicó que quería que me llevase un recuerdo suyo cada día que me hiciese recordarla, y la mejor manera que encontró fue hacer que yo la buscase durante toda la jornada, aunque no supiese que la buscaba a ella.
Cuando le conté que había estado a punto de tener un accidente, la noche antes, decidió parar el juego.
Sí, ella era mi mujer.

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