Me robó la bala en la que había escrito mi nombre.
Ella borró el camino marcado hacia el precipicio, desorientandome en la perdición.
Hizo desaparecer las nubes que oscurecian mi horizonte y me cegó con luz de esperanza.
Traté de impedir por todos los medios que arruinase mi ruina.
Quise evitar que destruyese mi infierno, mi entorno, mi caos.
Mi tristeza no soportó su empuje y me abandonó a su capricho.
¡Maldita sea ella, maldita su alegría!
Maldito el dia en me salvó y me covirtió en alguien de provecho.
Añoro mi decadencia, odio mi futuro.
Siglos me costó asumir mi final, dibujar mi falta de futuro.
¡Maldita sea ella, mi amor!
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